La mafia antimapuche: ¿Quienes son los latifundistas usurpadores de tierras que quieren a nuestra Machi Francisca Linconao en prisión?

Agosto 20, 2017 | 14371 Visitas
Etiquetas:
Share Button

TEMUKO/ Este lunes 21 de Agosto comienza el Juicio Oral del montaje político-judicial pro empresariado latifundista denominado “Caso Luchsinger Mackay”, donde se pretende generar altas condenas penales a nuestra Machi Francisca Linconao, junto a una decena de peñis, por el supuesto delito de incendio con resultado de muerte, acusación que resulta totalmente orquestada tanto por el empresariado en complicidad con la fiscalía antimapuche, para encarcelar injustamente a los mapuche.

Para comprender el contexto judicial que se desarrollará la semana entrante, es fundamental saber quienes son algunos de los poderosos terratenientes que están detrás de esta falacia jurídica, repleta de inconstitucionalidades, torturas a testigos, campaña de lavado de imagen de colonos genocidas y verdadera cacería antimapuche. Entre éstos están:

Don “Emilio Taladriz”, Proveniente de una familia terrateniente y con negocios en distintos rubros en Wallmapu Ancestral, Emilio Taladriz Gómez es uno de los principales responsables de que la Machi Francisca Linconao haya sido vinculada con la muerte de los Luchsinger Mackay. Su declaración contra la machi en 2013, donde fue procesada por la Ley Antiterrorista, es sólo un antecedente de la influencia que, como líder empresarial, Taladriz ha utilizado en la zona para procesar y perseguir judicialmente al pueblo mapuche.

Emilio Taladriz, ex presidente de la Cámara Chilena de la Construcción de Temuco. Recibió el premio “Diego Portales Palazuelos”, galardón otorgado por la Cámara Nacional de Comercio (CNC), en la categoría “Empresario Destacado”, durante la cena Anual del Comercio.

Dueño del fundo “Palermo Chico” y vecino de los Luchsinger Mackay- o como su primo Juan Carlos, con fundos en Temuco, Freire y Pitrufquén. Los rubros de los Taladriz son tan variados como las ramas de la familia e incluyen desarrollo inmobiliario en el área urbana de Temuco y alrededores -donde Hernán Taladriz levantó el primer mall de la ciudad junto a Jürgen Paulmann en los ‘90-.


Es uno de los empresarios que quiere bajo prisión a nuestra Machi Francisca Linconao, ya que ella defiende legitimamente el territorio ancestral que Taladríz aún mantiene usurpado.

Su gestión en la industria de la construcción de Temuco estuvo orientada sobre todo a imponer la construcción en altura y criticar el nuevo plano regulador de la ciudad, que ya por esos años empezó a topar con lo calificado como territorio mapuche.
Paralelamente, en 2008 se fundó la Multigremial de La Araucanía como organización de los rubros productivos de la región: madereros, industriales, agricultores, salmoneros, hoteleros y, por supuesto, la Cámara Chilena de la Construcción. En ese tiempo, Taladriz declaró que al gremio le preocupaba “el tono de violencia del conflicto indígena; sostenemos que los problemas no se arreglan con pasamontañas, apoyaremos iniciativas constructivas en la solución del conflicto para que nuestra región retome el dinamismo que la caracterizó. La riqueza y potencial de La Araucanía están latentes; debemos trabajar para sacarla de los últimos lugares y debernos hacerlo en nuestra generación”. 

En 2008 la machi Francisca Linconao Huircapán presentó el ahora famoso recurso de protección contra los Taladriz por el uso que hacían de las fuentes de agua en su fundo Palermo Chico. Un año después, la Corte de Apelaciones le dio la razón invocando el Convenio 169 OIT por primera vez en la historia de Chile, lo que agitó las aguas en el empresariado. Al día siguiente del fallo, la CPC convocó a una reunión, donde el entonces asesor de la Sociedad Nacional de Agricultura y hoy ministro de Justicia, Jaime Campos, explicó los alcances de la medida a un auditorio liderado por Rafael Guilisasti.
Para la comunidad mapuche Pablo Linconao II ese fue un año de triunfo judicial, pero hoy cercanos a la machi, como su hija Carmen, consideran que al mismo tiempo la puso en la mira. Mientras tanto, la carrera de Emilio Taladriz siguió ascendiendo. Su posicionamiento público y redes creadas en la Cámara Chilena de la Construcción le valieron el apoyo inmediato del mundo empresarial cuando la casa familiar de los Taladriz fue incendiada en 2012. Al día siguiente los máximos líderes de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) viajaron hasta Temuco para apoyarlo. Lo mismo hizo el entonces ministro del Interior del gobierno de Piñera, Rodrigo Hinzpeter.
En esos años se empezó a repetir la tríada de nombres que suelen asumir la vocería de los grupos de parceleros, empresarios y descendientes de colonos en la Araucanía: Emilio Taladriz, José Villagrán de la Federación de Dueños de Camiones del Sur (Fedesur) y Alejo Praiz de la Agrupación de Víctimas de la Violencia Rural. Esta vocería lo llevó a ser parte de la Comisión Asesora del gobierno para la Araucanía, donde tiene a cargo la comisión legislativa y dirige sus dardos contra la Ley Indígena.

Además, quiere acabar con el fondo de tierras, para que el Estado no siga comprando territorios en conflicto por parte de las comunidades mapuche, con esto invalidar el derecho internacional a la territorialidad ancestral. Sigue siendo la figura del terrateniente poderoso y hasta voz operante de las persecuciones políticas al pueblo mapuche.

 

Latifundista JORGE LUCHSINGER – MACKAY, el hijo del matrimonio de colonos que murieron calcinados en su mansión. Su familia se ha hecho millonaria usurpando tierras ancestrales al pueblo mapuche. Por el afán de dinero y poder que históricamente ha tenido su familia, ahora han hecho una demanda al estado por 2.600 MILLONES de pesos chilenos, para aumentar su capital con el pretexto de que necesitan mas recursos y medios para cuidar y salvaguardar todos los predios que tienen usurpados a las comunidades mapuche de la zona. Además de eso, son uno de los principales persecutores y querellantes en contra de nuestra Machi Francisca Linconao y los demás peñis procesados por ese montaje judicial, del cual son inocentes de todos los cargos de los cuales se les inculpa.

La historia de su familia colona:

Adán Luchsinger Martí y sus hijos no sólo compraron terrenos que habían sido arrebatados a los mapuches en Vilcún. También corrieron cercos y deslindes, y cobraron en suelos las deudas que los comuneros adquirían en la pulpería de los patrones.

Los fundos de la familia Luchsinger en Vilcún, cinco en total, se remontan a 1906, cuando el colono suizo Adán Luchsinger Martí compró 60 humildes hectáreas a un inmigrante alemán. Más de cien años después, las tierras del clan en esa zona suman 1.200 hectáreas, las que son reclamadas por las comunidades mapuches vecinas.


Son los mismos predios donde murió baleado por la espalda nuestro WEICHAFE MATIAS KATRILEO, en un proceso de recuperación territorial. Ni en los agitados años de la Unidad Popular, con el movimiento popular y campesino que recuperaban fundos, esta familia había visto peligrar, como ahora, sus extensas propiedades. 


El clan desciende de Adán Luchsinger Martí, quien nació el 22 de noviembre de 1868 en la ciudad de Engi, cantón suizo de Glarus. Llegó a Chile en 1883 y, antes de Vilcún, se asentó en Quechereguas, actual comuna de Traiguén, 70 kilómetros al norte de Temuco.
El 10 de mayo de 1893 se casó con la inmigrante alemana Margaretha Rüff Studer. Al igual que cientos de otros colonos italianos, franceses, suizos y alemanes, Adán Luchsinger fue “enganchado” en Europa por la Agencia de Colonización, en tiempos del genocidio estatal llamado “Pacificación de la Araucanía”, donde asesinaron a miles de mapuche y les fue robado cerca del 90% su territorio ancestral, convirtiendo extensos territorios en pequeñas “reducciones”. 

En 1906, la familia Luchsinger se trasladó a Vilcún, a 20 kilómetros al oriente de Temuco. Ese año, Adán compró 60 hectáreas al colono alemán Emilio Quepe y, según consta en el Conservador de Bienes Raíces de Temuco (CBRT), a partir de 1909 el patriarca del clan no paró de adquirir terrenos, hasta totalizar más de mil hectáreas. De acuerdo al Registro de Propiedades del CBRT, en la actualidad los descendientes de estos cuatro vástagos tienen cinco predios: el mencionado fundo Santa Margarita, de Jorge Luchsinger Villiger; el fundo Santa Rosa Lote 1, de Rodolfo Luchsinger Schiferli; el fundo Santa Rosa Lote 2, de Enrique Luchsinger Schiferli; el fundo Santa Rosa, de Eduardo Luchsinger Schiferli, y otro fundo Santa Rosa, también a nombre de Enrique Luchsinger Schiferli.

CASTIGO A LOS MAPUCHE

También de 1908 y 1909 datan los títulos de merced concedidos a las diez comunidades mapuches de Vilcún que rodean los terrenos de los Luchsinger. Se trata de numerosas familias que han denunciado una historia de despojos y usurpaciones, primero de parte del Gobierno chileno de esa época, y a manos de los Luchsinger después.

En efecto, tras la “pacificación”, el fisco consideró que los terrenos de los mapuches sin trabajar eran sitios baldíos y los requisó. Si las comunidades acreditaban la posesión de su tierra por el tiempo que la ley exigía, se podían quedar en la “reducción” o “reserva”. En eso consistía el título de merced, en un terreno reducido y reservado para indígenas, FUE UNA FORMA “LEGAL” DE REDUCIR LOS TERRITORIOS MAPUCHE: O TE SOMETES O TE MUERES. En cambio, a las familias de colonos europeos el Estado chileno les entregaba hijuelas de 70 cuadras, más otras 30 por cada hijo varón mayor de 10 años. También recibían los pasajes gratis hasta Chile, tablas, clavos, una yunta de bueyes, una vaca con cría, arado, carreta, máquina destroncadora, pensión mensual durante un año y asistencia médica por dos.

Aquí está la raíz del problema, según el historiador Martín Correa:


“Mientras a los mapuches se les castiga y reduce por carecer de medios de trabajo, a los colonos el Estado chileno los apoya, subvenciona y les entrega medios de trabajo”. El problema, asegura, se agravó cuando los colonos demarcaron los terrenos con líneas rectas. Las posesiones mapuches siempre se han deslindado a través de accidentes naturales, como ríos, quebradas y alturas máximas. En cambio, las líneas rectas dibujadas en un plano poco o nada tienen que ver con la ocupación real y efectiva de un terreno. De ahí, entonces, las denuncias de deslindes corridos “a la mala”.


HORA DE COBRAR

El comunero Moisés Quidel entregó un relato que viene de sus abuelos:

“Antes estaba Adán Luchsinger, Conrado después… La cosa es que antiguamente había poca gente y cerco no había; entonces, como ellos eran de plata hicieron cercos y marcaban donde se les antojaba no más, ¿Y qué iban a hacer los peñis, si no había medios? Y después que cercaron llegó la mensura, hicieron todos los documentos”.

Quidel también le contó que Conrado Luchsinger “se instaló con una pulpería y los viejos decían que fue tanto el proceso de reducción, fue tan violento el proceso de poscolonización, que hubo gente que quedó totalmente empobrecida, quedó sin tierras, sin animales, les quitaron todos sus sembrados y ya no podían sembrar nada“.

“Entonces, los peñis antiguos prosigue el relato iban a buscar harina para sobrevivir, trigo, sobre todo en las épocas de noviembre y diciembre, de grandes hambrunas. Mucha gente murió de hambre, y ahí Conrado Luchsinger abría libretas y la gente iba hipotecando sus corderos, sus animalitos y sus tierras. Y cuando llegaba la época [de cobrar] salía con carabineros, corría los cercos y así fue ampliando sus tierras, cobrando toda la plata de las deudas de la gente que compraba para sobrevivir. Al tiempo, él llegaba: ‘Tanto me debe usted, y como no tiene con qué pagarme, me paga en tierra’. Eso lo hacía en todas las comunidades”.

Jorge Luchsinger, hijo de Conrado, contó en una entrevista a la revista “Qué Pasa” que “nosotros teníamos una pulpería en el fundo. Cada sábado la gente pedía, se le anotaba en el libro y a fin de mes se le hacía la liquidación y se le pagaba el saldo. Empezaron a decir que cobrábamos mucho por la mercadería, que no eran productos de calidad. Después reclamaban que la comida que les dábamos era mala, que tenía gusanos. Tiraban los platos al piso. Fueron las primeras protestas”.

DEVOLUCIÓN DE TIERRAS

Con estas “primeras protestas”, el hijo de Conrado Luchsinger se refería a los años de Eduardo Frei Montalva y la reforma agraria, entre 1964 y 1970. Si bien a ninguno de los Luchsinger se les expropiaron terrenos.

Después del golpe de 1973, muchos latifundistas se aprovecharon de la dictadura y la contra reforma agraria para “pasar la cuenta” a los activistas que tomaron sus fundos, hay detenidos desaparecidos de este contexto, pero las familias de las víctimas no hicieron gestiones judiciales o de otro tipo. Según el Informe Rettig, las causas de esta pasividad pueden haber sido el temor, el desconocimiento de cómo proceder, y una fundamental desconfianza en las instituciones del Estado.
La familia Luchsinger estuvo tranquila hasta 1999, cuando la organización Ayjarewe Wenteche, de Truf Truf, sector ubicado al sur del fundo Santa Margarita, protagonizó la primera ocupación permanente de ese predio. Luego, en 2000, vinieron los atentados incendiarios, y a partir de 2005, el predio cuenta con vigilancia permanente de carabineros, que mencionan a los latifundistas como “patrones”.

Resulta importante volver sobre estos hechos para mejor comprender el contexto en que tiene lugar el Juicio Luchsinger – Mackay, la huelga de hambre de la machi Francisca Linconao, en demanda de un proceso “justo” y sin arbitrariedades judiciales, ni presiones políticas por parte de estos poderes económicos, para alcanzar condenas ejemplificadoras.
Detrás de la querella antiterrorista sostenida por el Estado y el gobierno de Bachelet, se esconde el genocidio, la usurpación histórica y las manipulaciones mediáticas que pretenden acallar el reclamo de autodeterminación mapuche, mediante su aplastamiento, criminalización y encarcelación.


El historial de los Luchsinger es el historial de la burguesía chilena y colona en la ocupación del Wallmapu histórico, es el legado del saqueo, del racismo y la opresión que aún sustenta el Estado chileno.